¿Un perro que acompañe en las IAA puede sufrir estrés?

Muchos de vosotros nos preguntáis si un perro de terapias sufre estrés y como le puede afectar a su salud hacer este tipo de trabajo.

De entrada, os diremos que sí, un perro de terapias puede tener algún pico de estrés, pero no más que cualquier otro animal que conviva con personas.

Todos los mamíferos tenemos el sistema límbico en el cerebro, que es la encargada de procesar las emociones, así como también compartimos la capacidad de activar el ciclo del estrés dentro del organismo. El ciclo del estrés es el responsable de activar el sistema de alerta en nuestro cuerpo y decidir si “huye o ataca” en una situación de emergencia.

Pero los animales que conviven con humanos que pueden llegar a sufrir estrés crónico, si no estamos atentos a las señales de los animales y a cubrir sus todas sus necesidades, no solo las físicas.

Diversos estudios realizados con perros asociados a las terapias, en dónde se hacia mediciones de indicadores biológicos demuestran que los animales, si son bien guiados y cuidados, no sufren estrés durante su actividad ni después de haberla realizado. Pero si no cuidamos a nuestro compañero podríamos exponerlo a situaciones de estrés que finalmente le puedan provocar un estrés crónico y como podemos evitar que nuestro compañero co-terapueta lo sufra:

Lo primero y más importante hacer una buena selección de nuestro compañero y que este tenga las actitudes y aptitudes necesarias para poder acompañarnos.

También es muy importante que tenga un buen adiestramiento y desensibilización con todo aquello con lo que se pueda encontrar en las sesiones.

Estar atentos a las señales de calma que nos ofrece el animal para poder reconocer cuando se está estresando y protegerlo de esa situación.

Dejar que el animal pueda decidir cuando tiene suficiente de una situación y él mismo pueda moverse hacia un lugar donde tenga más calma y se sienta protegido.

No exponerlo y forzar situaciones a las que el perro no está preparado ni está cómodo con ellas. Así como no exponerlo a varias horas de sesiones diarias y respetar sus tiempos de descanso

Trabajar siempre con un mismo referente que le ofrezca seguridad y cuidado tanto dentro de la sesión cómo en su vida diaria.

Si no respetamos estos principios el animal puede llegar a sufrir estrés crónico, eso implicaría una sobrerreacción a ciertas situaciones, conductas agresivas, ladridos excesivos, perseguirse la cola, problemas gastrointestinales crónicos, muestra de conductas repetitivas, destrucción frecuente de objetos, caída de pelo, dificultad de aprendizaje, falta de apetito, exceso de dependencia familiar, alteraciones en las deposiciones, entre otros muchos síntomas que pueden surgir.

Pero no solo los animales asociados a las terapias pueden sufrir estrés crónico, también lo puede sufrir cualquier animal que no tiene sus necesidades cubiertas, que tiene una sobreexposición a una situación desagradable para él, exceso de ruidos, exceso de ejercicio, humanos que ejercen su poder con agresividad, tiempos prolongados de soledad, tener mucha exigencia con el perro sin tener en cuenta su experiencia ni su edad, entre otras situaciones que puedan estresar al animal y se mantengan en el tiempo.

Lo importante para evitar el estrés del animal debemos estar atento a su lenguaje corporal y a la sintomatología que pueda ofrecer para poder observar que de su entorno le está estresando.

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