¿Por qué nunca deberíamos castigar a un perro por gruñir?
«Mi perro me ha gruñido. Hay que corregirlo para que aprenda que eso no se hace.»
Probablemente esta sea una de las frases que más hemos escuchado a lo largo de nuestra trayectoria profesional. Y, sin embargo, castigar a un perro por gruñir es uno de los errores más graves que podemos cometer.
Porque el gruñido no es el problema, el gruñido es la solución que ha encontrado el perro para evitar un conflicto mayor que normalmente es morder, es una forma de comunicación. Los perros no hablan con palabras, se comunican mediante su lenguaje corporal, sus posturas, sus expresiones faciales y también mediante vocalizaciones. El gruñido forma parte de ese lenguaje.
No aparece porque un perro quiera «dominar», «retar» o «desafiar» a una persona.
La mayoría de las veces aparece porque el perro intenta decirnos algo.
Y ese algo suele ser muy sencillo:
- «No me siento cómodo.»
- «Necesito que te alejes.»
- «Tengo miedo.»
- «Estoy muy incómodo con esta situación.»
En otras palabras, el gruñido es un aviso, y los avisos están para escucharlos.
Existe una idea muy extendida de que un perro que gruñe está a punto de atacar, pero la realidad suele ser justamente la contraria. La mayoría de los perros gruñen precisamente porque quieren evitar llegar a la mordida.
Si un perro quisiera morder, podría hacerlo directamente. Por eso, celebra que, en lugar de hacerlo, te avise para que le des espacio. Sin embargo, antes suele intentar resolver la situación utilizando todo un repertorio de señales de comunicación:
- Primero aparecen las señales de calma.
- Después puede tensar el cuerpo.
- Desviar la mirada.
- Quedarse inmóvil.
- Enseñar ligeramente los dientes.
- Y, finalmente…
- Gruñir.
El objetivo de todo este proceso es muy claro: que la otra persona comprenda el mensaje y la situación termine sin necesidad de recurrir a la agresión.
¿Qué ocurre cuando castigamos un gruñido?
Aquí es donde aparece el verdadero problema.
Imaginemos que un perro gruñe porque un niño le está abrazando con demasiada intensidad.
El adulto escucha el gruñido:
- Se enfada.
- Le riñe.
- Le grita.
- Incluso puede llegar a castigarlo físicamente.
¿Qué aprende el perro?
Aprende que gruñir tiene consecuencias negativas: lo riñen y lo castigan. La próxima vez, probablemente no gruñirá y decidirá morder directamente, sin avisar.
Simplemente ha perdido una herramienta de comunicación.
El miedo sigue estando ahí.
La incomodidad también.
Lo único que desaparece es el aviso.
Y eso aumenta considerablemente el riesgo de que, en una situación futura, el perro pase directamente a la mordida sin haber gruñido antes.
Por eso, muchos profesionales decimos que:
Castigar un gruñido no elimina el problema. Elimina la advertencia.
Entonces… ¿qué deberíamos hacer?
Lo primero es mantener la calma e intentar averiguar por qué el perro está gruñendo.
Pregúntate:
- ¿Qué ha provocado el gruñido?
- ¿Qué estaba ocurriendo justo antes?
- ¿Tiene miedo?
- ¿Le duele algo?
- ¿Está protegiendo un recurso?
- ¿Está cansado?
- ¿Se siente invadido?
El objetivo nunca debe ser hacer desaparecer el gruñido. El objetivo debe ser resolver la causa que lo ha provocado.
Muchas agresiones podrían evitarse si escucháramos lo que el perro nos está diciendo, ya que la mayoría de las mordeduras no aparecen “de repente”. Antes suelen existir numerosas señales que las personas no hemos sabido interpretar.
Por eso insistimos tanto en aprender el lenguaje de los perros.
Vivimos en una sociedad que, muchas veces, exige a los perros una tolerancia infinita.
- Queremos poder abrazarlos cuando nos apetece.
- Molestarlos mientras descansan.
- Quitarles la comida.
- Invadir continuamente su espacio.
- Y, además, pretendemos que nunca protesten.
Pero ningún ser vivo funciona así. Escuchar un gruñido no significa permitir conductas peligrosas, significa comprender que detrás de ese comportamiento existe una emoción que debemos entender y gestionar.
NUESTRA REFLEXIÓN
En El Racó de Milu solemos decir que los gruñidos son un regalo.
Porque un perro que gruñe todavía está intentando comunicarse contigo. Todavía confía en que vas a entender su mensaje.
Lo realmente preocupante no es un perro que gruñe.
Lo preocupante es un perro que ha aprendido que nadie escucha sus avisos y deja de utilizarlos.
Por eso, la próxima vez que escuches un gruñido, no pienses en cómo hacer que desaparezca. Pregúntate por qué ha aparecido.
Porque entender esa respuesta es el primer paso para ayudar a tu perro y construir una relación basada en la confianza, en el respeto y la comunicación.